sábado, 15 de noviembre de 2014

“Los hermanos zapatistas escucharon nuestro testimonio de dolor, rabia y dignidad”, padres de Ayotzinapa.

http://www.pozol.org/?p=10066


“Los hermanos zapatistas escucharon nuestro testimonio de dolor, rabia y dignidad”, padres de Ayotzinapa.



“Los hermanos zapatistas escucharon nuestro testimonio de dolor, rabia y dignidad”, padres de Ayotzinapa.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 15 de noviembre. “Las autoridades han perdido nuestra confianza. Hemos llegado a Chiapas a visitar un movimiento que representa una alternativa. Estuvimos con los hermanos zapatistas en Oventic, escucharon nuestro testimonio de dolor, rabia y dignidad”, informan padres de normalistas víctimas de desaparición forzada en Ayotzinapa Guerrero, durante una conferencia de prensa en el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
“Nos atendieron el subcomandante Moisés, el comandante Tacho, entre otros integrantes de la Comandancia General del EZLN. Nos escucharon con atención y abrazaron nuestra rabia”, externaron madres y padres de familia.
“Hemos venido desde abajo porque el presidente, el gobierno federal y el estatal, no han querido buscar a nuestros hijos. Ya basta de que corra sangre”, exigió la caravana “Daniel Solís Gallardo”.
De igual forma señalaron que acudirán “a quienes al igual que nosotros, han padecido la desaparición forzada y los asesinatos extrajudiciales, que no son pocos en el país, porque son ellos, los que pueden entendernos, acompañarnos en nuestro dolor y en nuestra lucha. Son ellos con los cuales podemos articular un movimiento, un núcleo mucho más grande y más poderoso, junto a todas las organizaciones sociales que quieran solidarizarse”.
“Buscamos a otros indignados para articular un movimiento a nivel nacional. Un movimiento que cuestione de fondo el problema a nivel nacional. Que la ciudadanía esté muy pendiente de lo que va a ocurrir en Guerrero”, señalaron.
Al final de la conferencia se informó de una marcha para el día de mañana domingo en Tuxtla Gutiérrez, para después trasladarse a Oaxaca, Tlaxcala, Morelos y encontrarse el 20 de noviembre con las demás caravanas, en la megamanifestación en la ciudad de México.

viernes, 3 de octubre de 2014

CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA: La Crisis Internacional del Mundo Hispano.: PREFACIO

CRÓNICAS DE UNA TORMENTA PERFECTA: La Crisis Internacional del Mundo Hispano.: PREFACIO: PREFACIO A casi nadie le gusta que le digan sus verdades. Digo “casi” porque sí existen aquellos individuos – son pocos, pero sí exis...





Tormenta Perfecta 

Wednesday, October 1, 2014


PREFACIO


PREFACIO

A casi nadie le gusta que le digan sus verdades. Digo “casi” porque sí existen aquellos individuos – son pocos, pero sí existen – lo suficientemente maduros e ilustrados en el camino de la excelencia que buscan, de hecho activamente, a quienes tengan el conocimiento, el ojo clínico, la paciencia, y el afecto y la afición (porque hace falta mucho amor y dedicación para conocer a alguien lo suficientemente a fondo como para diagnosticar sus debilidades) para darle una crítica sincera, detallada, amplia y a la vez profunda. Esos individuos saben apreciar que el único camino a la mejoría es a través de la crítica, del análisis. Lo que todo competidor a nivel internacional sabe es que es tan bueno como sus debilidades más destacadas, es decir, la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. En inglés se dice: “offence gets the glory, but defence wins championships” – “la ofensiva se lleva la gloria pero la defensa gana campeonatos”. Tanto en el combate mano a mano como en la guerra si tu oponente no te puede llegar con sus ataques, no te puede herir, y si no te puede herir no te puede vencer. Así que el primer paso hacia ser invencible es reconocer tus debilidades y fortalecer tus defensas. En las artes marciales, bien enseñadas claro, primero se aprende a evitar los ataques ajenos, luego a efectuar los propios. De ahí que de las dos obras complementarias – “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” y “América Culpable: Todos Deberían Saber la Verdad” – he optado por terminar la primera a pesar de todo lo que había avanzado en la segunda.

Me explicaré. Cuando se es director técnico o entrenador no basta conocer las técnicas, tácticas y estrategias que precisa tu competidor para vencer. Eso es solamente el principio; eso lo puede aprender cualquiera. Todo entrenador digno de ese nombre sabe que lo técnico y lo físico es solamente una parte pequeña de lo que se precisa para dar el máximo rendimiento posible de acuerdo a esa preparación. De ahí que lo que distingue a los entrenadores mediocres de aquellos cuyos competidores ganan títulos internacionales no es tanto la instrucción técnica ni el acondicionamiento físico, sino la preparación psicológica – y esa preparación comienza con el conocimiento de tu competidor. Para ser ungran entrenador que forma grandes competidores hace falta conocer al competidor mismo, a sus patrones de pensamientos, emocionales, conductuales; hace falta conocer sus creencias, sus temores, y sus aspiraciones; hace falta conocer sus fortalezas y sobre todo sus debilidades. Tienes que conocer a tu competidor a tal grado y hasta tal punto que le puedes mirar a la cara y sentir como siente y pensar lo que está pensando ysaber si está preparado mentalmente para el encuentro o si va a una masacre: está “tigre” o está “cordero”, está listo para “cumplir o morir, cumplir hasta morir” o por lo contrario va a avergonzarte a ti, a sí mismo, y a millones a los que representa con un “¡No más!”. Así conozco al hispano – obviamente no conozco a todos los centenares de millones de hispanos, pero sí a la mentalidad del hispano en general – y lo conozco por dentro y por fuera. Dejaré para un capítulo final de este volumen titulado “¿Quién soy yo?”, a modo de apéndice para el lector interesado el cómo he llegado al conocimiento que tengo y en qué consiste. No se precisa aquí que yo presuma de mi conocimiento sino compartir ese conocimiento especialmente con el hispano mismo – o sea, que lo lleve a que se conozca, o reconozca, a sí mismo.

Todo combatiente aprende su oficio o profesión bajo expertos denominados “maestros” o “entrenadores” y en una escuela, en un “dojo”, o en un gimnasio. Ahí aprenden un “estilo” de combate – una predilección por ciertas técnicas, tácticas, y estrategias sobre otras. Lo absolutamente y verdaderamente cierto es que a la hora de competir no todos los estilos son iguales; algunos son patéticos y siempre pierden; otros son magistrales y casi siempre ganan. Lo que uno observa es que, si la competencia es internacional, como por ejemplo en las olimpiadas o en los campeonatos mundiales, ciertos países regularmente dominan la modalidad y se reparten las medallas entre sí, mientras que los demás simplemente hacen bulto y regresan a sus países de origen con las manos vacías –salvo por algún suvenir que implícitamente diga: “Gracias por su participación” o “Sin su participación este torneo no sería posible”. O sea, su presencia es el pretexto para que los países superiores demuestren su superioridad. Sonará quizás algo cínico, pero es la realidad. Nadie se dedica cuerpo, mente y espíritu hora tras hora, cinco o seis días a la semana y durante años para luego satisfacerse con “lo importante es participar”. A nivel internacional lo importante no es participar, lo importante es ganar. Punto final. Si no les gustan los deportes de combate piensen en la Copa del Mundo de Futbol – ningún aficionado se consuela o conforma con que su equipo haya llegado por milésima vez a los octavos de final, o que ganaran la copa el Mundial pasado. ¡Quieren victoria y la quieren ahora!

Bien. Si pueden comprender el concepto de competitividad internacional en deportes combativos (boxeo, judo, taekwondo, lucha olímpica, etc.) – o futbol – entonces podrán entender que hoy en día unacultura es como un boxeador, un judoka (practicante de judo), untaekwondoka (practicante de taekwondo), un luchador olímpico, etc. El torneo mundial o la “Gran Liga” internacional son los mercados económicos globales, o la Ecología Socioeconómica Global, e igual que en el caso de las olimpiadas y los deportes de combate, hay países que rutinariamente pierden – pero cuya presencia es indispensable para que la “Gran Liga” exista – y otros que casi siempre ganan: hablo del Tercer Mundo y delPrimer Mundo.

Los países del Tercer Mundo (o el eufemismo políticamente correcto correspondiente, “en vías de desarrollo”) pierden habitualmente, rutinariamente, y lo han hecho en muchos casos desde siglos. La mayoría de sus países comenzaron sus historias como colonias de otros países de Primer Mundo (o de “países desarrollados”). Pierden por muchas razones, y dependiendo del analista unas razones son enfatizadas por encima de otras. Según ellos pierden por sus políticos corruptos, conspirando con las clases adineradas y las potencias extranjeras que se apropian de los recursos originalmente destinados para el entrenamiento del equipo; o pierden porque los países desarrollados hacen trampas y no los dejan ganar. Lo que he observado en las competiciones es que los perdedores siempre encuentran excusas que los libren de tomar responsabilidad por su propia falta de rendimiento, mientras que los ganadores enfocan en cómo pueden ganar a pesar de las adversidades – justas o injustas. Los perdedores encuentran excusas en vez de buscar sus defectos, los ganadores buscan sus defectos y encuentran formas para solventarlos. El perdedor sigue compitiendo bajo el mismo estilo, año tras año porque está apegado a sus “tradiciones”, mientras que el ganador busca el estilo que le lleve a ganar, porque busca medallas.

En términos de competiciones cuando un país se va de un torneo con las manos vacías egos duelen. En el mundo económico cuando un país se va con las manos vacías barrigas duelen del hambre. Hay desempleo, hay violencia, hay pobreza, hay inseguridad física y mental, hay miseria. Y tradicionalmente, históricamente, para compensar todo el impacto negativo de perder por tradición lo que hay es religiosidad puesto que la misma falta de preparación competitiva que lleva al tercermundista a perder y perder, generación tras generación, siglo tras siglo, le ha privado – obviado más bien – de la capacidad analítica, critica, para diagnosticar sus defectos y emprender un plan de tratamiento, y le ha privado de la voluntad al poder que se precisa para ser competitivo. En el mundo internacional competitivo ser competitivo y ser religioso es como estar seco y estar mojado – son incompatibles, y en esta serie de volúmenes dejaré bien claro el por qué.  

La realidad es que los países del Tercer Mundo fueron cultivados para siempre perder. Enfocando en lo que más nos interesa, el Mundo Hispano, podemos observar en buena manera el grado de esa pérdida revisando estadísticas nacionales e internacionales. Vemos que desde España, la “madre patria”, desde los Pirineos hasta Gibraltar (perdida a los británicos, por cierto), y desde el Río Grande y Tijuana hasta Tierra del Fuego, el marcador indica “perdedores”. Y para aquellos que siempre buscan culpar a sus políticos la realidad es que el estatus de perdedor del hispano no se limita a su propio país, sino que lo lleva, como demostraré más adelante, a donde va. En los EUA, por ejemplo, el país extranjero con mayor población hispana, los hispanos se destacan por su bajo rendimiento académico, por su bajo estatus socioeconómico, y por su altísimo índice de criminalidad.  Los estudiantes latinos son estadísticamente los peores – disputándose el último puesto con los afroamericanos; las familias latinas de nuevo se disputan el lugar con las de los negros por ser los más pobres, siendo el índice de pobreza entre los hispanos en el año 2011 un 28.2% comparado con la media nacional americana de 16.0%[1] . También en el 2011 más del 45% del crimen organizado era de origen hispano[2], a pesar de ser tan solo un 17% de la población[3] y en las prisiones federales los hispanos en los últimos años se han convertido en mayoría[4]. En el Canadá en año 2000, en el último censo donde se llegaron a tabular tales estadísticas, el 28% de los hispanos presentes vivían bajo condiciones de pobreza cuando la media nacional era de un 16%[5] - prácticamente las mismas estadísticas que en los EUA once años más tarde. En el año presente, 2014, las adolescentes latinas en los EUA tienen el índice de embarazos más altos de todas las etnicidades o razas, un 25.5% por cada 1000 entre las edades de 15 y 17 años, comparadas con la media nacional de 14.5%[6] – de nuevo la religiosidad que instruye contra el uso de anticonceptivos. ¿Seguir culpando a los políticos por nuestros fracasos sociales y económicos o tomar responsabilidad nosotros mismos y reconocer que los políticos – corruptos e ineptos que son – no son sino manifestaciones, extensiones de la cultura misma?

En las sociedades religiosas – como las católicas o las cristianas ortodoxas – los hombres adoran, de rodillas ante un altar, a una mítica figura femenina. La medida moral de un hombre es su “humildad”, y su “fortaleza” que se entiende en términos de su capacidad para postrarse arrodillado en reconocimiento de su propia debilidad.  Sociedades de ese tipo jamás van a poder competir con aquellas seculares donde los hombres admiran en pensamiento e imitan en acción a las grandes hazañas y las penetrantes ideologías de hombres distinguidos reales e históricos; donde la medida de un hombre está en su capacidad para la superación insólita, elheroísmo – intelectual o físico – y el paternalismo. El concepto de hombría en estas sociedades seculares, como por ejemplo en las anglosajonas o en la japonesa, se opone directamente al concepto resultante de la perversa combinación del marianismo, del machismo y del matriarcado prevalente en la cultura hispana.

La pasividad masculina, la falta de interés en sobresalir, en desatacar, en dominar, la ausencia de la voluntad al poder que ha ocasionado la religiosidad católica en el hispano se ha manifestado históricamente en un desinterés en muchos de los aspectos claves de para el desarrollo de capital cultural competitivo: el descubrimiento científico, la innovación tecnológica, el pensamiento filosófico, la heroicidad y entrega efectiva – ideológicamente guiada no impulsivamente brotada – de la acción política y social. La religiosidad hispana ha engendrado una cultura donde no se valora ni el tiempo ni el emprendimiento, sino el conformismo y la adaptación a la mediocridad. El resultado ha sido una creciente inseguridad y un aumento de la inestabilidad política, de la criminalidad, de la desesperación y de la violencia. La religiosidad hispana es responsable por la actitud cultural – consciente o inconsciente y de acuerdo a una cosmovisión medieval – que el propósito final de la vida, lo que la da significado, es ganarse la “Gracia Divina” y un lugar en el Paraíso Extraterrenal. No es de sorprender, por lo tanto, que las aportaciones verdaderamente significativas de la cultura hispana a la humanidad hayan sido muy escasas en comparación con las tremendas aportaciones de los ingleses, de los americanos, de los alemanes, de los franceses, de los judíos, etc. Solamente los países musulmanes han aportado menos.

Si no eres objetivo a la hora de entender de qué forma contribuyes a tu propio fracaso nunca vas a comenzar a ganar – y ningún pueblo del planeta es más reacio a reconocer sus propios errores y defectos que el hispano. Pueblos ganadores, como el japonés o el judío, se reconocen históricamente por ser autocríticos, por adaptarse en base tanto a la evaluación de sus defectos como a las exigencias de ambiente, de las reglas del juego. Ambos son pueblos que se reconocen por su dedicación a la excelencia, al estudio, a la disciplina, a la superación y por consiguiente sobresalen y prevalecen. Son culturas ricas en lo que se conoce como “capital cultural competitivo” – y por eso son ganadoras. La cultura hispana es cultura pobre en capital cultural competitivo. Los fundamentos de su cultura les llevan a creer que “los últimos serán los primeros”, que la calidad moral de un hombre se mide por su “humildad” en vez de por su heroicidad. De hecho culturalmente el latino detesta la competitividad diciendo que lleva al “egoísmo”, a la “soberbia”, a creerse superior a los demás. Por consiguiente es una cultura perdedora – y es más, es una cultura que no ha comprendido – o que no ha querido aceptar – que la competición no es opcional. En el mundo actual se compite y se gana o se pierde por defecto, y los valores competitivos – o incompetentes – de un país se transmiten en la cuna, se fomentan en la familia, y se perfeccionan en el colegio y en el trabajo.

El lector implícito de esta obra es el hispano mismo – por eso escribo en castellano en vez de en el lenguaje más comercial que es el inglés. Lo escribo para el hispano sabiendo de antemano y perfectamente su reacción, el desdén con el cual responde cuando se le critica, la necedad con la cual recibe la dirección. Lo que voy a decir a continuación va a afrentar a algunas personas, sorprender a otras, e indignar a quizás la mayoría – y sin embargo mayor ofensa a la “dignidad de la verdad” sería callarme, por eso de que “el que calla otorga”. Si es de esas personas que rezan de rodillas a la Virgen, o a Dios, o la Santa Virgen, o que creen en ángeles y temen a los demonios y no se ha dado cuenta de que los pueblos más miserables del planeta son los más religiosos – los más arrodillados – entonces deje de leer ahora mismo. Esta obra no es para Usted puesto que Usted es de esas personas que no quiere oír sus verdades sino quiere vivir de fantasías; no quiere soluciones solamente quiere seguir con sus incesantes quejas; no quiere mejorar simplemente quiere insistir en su “derecho” de ser como es; no quiere reconocer que en la vida hay que competir – y ganar – o hay que aceptar las consecuencias de perder. Si es Usted una de esas personas de las que en el mundo hispano lamentablemente constituye la inmensa mayoría, entonces deje de leer porque las verdades que le voy a compartir le va a ofender – y mucho. Esta obra no es para perdedores que quieren seguir viviendo de excusas y fantasías sino de ganadores dispuestos a tomar control de sus existencias y futuros.

Sin embargo, si Usted es de esas personas que se dan cuenta de que “los últimos no serán los primeros” sino que simplemente seguirán siendo los últimos entonces “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” es para Usted.

Si es Usted de esas personas que se da cuenta de que “si no eres parte de la solución eres el problema” entonces “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” es para Usted.

Si es Usted de esas personas que están hartas de que “latino” o “hispano” sea internacionalmente sinónimo con “oficial corrupto”, o “pandillero”, o “narcotraficante”, o “inmigrante ilegal”, o “de bajo estatus socioeconómico” – y quiere hacer algo al respecto – entonces “Crónicas de una Tormenta Perfecta: La Crisis Internacional del Mundo Hispano” es la obra que siempre ha esperado pero que nunca había antes existido.

No entreno perdedores, formo campeones – y como hispano yo sí estoy harto de perder. Ya es hora de empezar a ganar.



[1] Hispanic Poverty Rate Highest In New Supplemental Census Measure, 8 de noviembre, 2011 http://www.pewhispanic.org/2011/11/08/hispanic-poverty-rate-highest-in-new-supplemental-census-measure/
[2] National Youth Gang Survey Analysis, National Gang Center,http://www.nationalgangcenter.gov/survey-analysis/demographics
[3] Hispanic Americans By the Numbers, US Census Bureau,http://www.infoplease.com/spot/hhmcensus1.html
[4] “Latinos Form New Majority Of Those Sentenced To Federal Prison”, Huffington Post, Latino Voices, 6 de octubre, 2011, http://www.huffingtonpost.com/2011/09/09/hispanic-majority-prison_n_955823.html
[5] The Latin American Community in Canada, Statistics Canada, http://www.statcan.gc.ca/pub/89-621-x/89-621-x2007008-eng.htm#15
[6] Hispanic Teens Continue To Face Highest Rates Of Teen Pregnancies, The Latin Post, 11 de abril, 2014 http://www.latinpost.com/articles/10384/20140411/hispanic-teens-continue-to-face-highest-rates-of-teen-pregnancies.htm.

lunes, 29 de septiembre de 2014

El asalto neoliberal a las universidades y cómo debe ser la educación: Chomsky - Regeneración

El asalto neoliberal a las universidades y cómo debe ser la educación: Chomsky - Regeneración



Lo que sigue es la traducción castellana de una transcripción editada en inglés de un conjunto de observaciones realizadas por Noam Chomsky vía Skype el pasado 4 de febrero para una reunión de afiliados y simpatizantes del sindicato universitario asociado a la Unión de Trabajadores del Acero (Adjunct Faculty Association of the United Steelworkers) en Pittsburgh, PA. Las manifestaciones del profesor Chomsky se produjeron en respuesta a preguntas de Robin Clarke, Adam Davis, David Hoinski, Maria Somma, Robin J. Sowards, Matthew Ussia y Joshua Zelesnick. La transcripción escrita de las respuestas orales la realizó Robin J. Sowards y la edición y redacción corrió a cargo del propio Noam Chomsky.
Sobre la contratación temporal de profesores y la desaparición de la carrera académica
Eso es parte del modelo de negocio. Es lo mismo que la contratación de temporales en la industria o lo que los de Wall Mart llaman “asociados”, empleados sin derechos sociales ni cobertura sanitaria o de desempleo, a fin de reducir costes laborales e incrementar el servilismo laboral. Cuando las universidades se convierten en empresas, como ha venido ocurriendo harto sistemáticamente durante la última generación como parte de un asalto neoliberal general a la población, su modelo de negocio entraña que lo que importa es la línea de base. Los propietarios efectivos son los fiduciarios (o la legislatura, en el caso de las universidades públicas de los estados federados), y lo que quieren mantener los costos bajos y asegurarse de que el personal laboral es dócil y obediente. Y en substancia, la formas de hacer eso son los temporales. Así como la contratación de trabajadores temporales se ha disparado en el período neoliberal, en la universidad estamos asistiendo al mismo fenómeno. La idea es dividir a la sociedad en dos grupos. A uno de los grupos se le llama a veces “plutonomía” (un palabro usado por Citibank cuando hacía publicidad entre sus inversores sobre la mejor forma de invertir fondos), el sector en la cúspide de una riqueza global pero concentrada sobre todo en sitios como los EEUU. El otro grupo, el resto de la población, es un “precariado”, gentes que viven una existencia precaria.
Esa idea asoma de vez en cuando de forma abierta. Así, por ejemplo, cuando Alan Greenspan testificó ante el Congreso en 1997 sobre las maravillas de la economía que estaba dirigiendo, dijo redondamente que una de las bases de su éxito económico era que estaba imponiendo lo que él mismo llamó “una mayor inseguridad en los trabajadores”. Si los trabajadores están más inseguros, eso es muy “sano” para la sociedad, porque si los trabajadores están inseguros, no exigirán aumentos salariales, no irán a la huelga, no reclamarán derechos sociales: servirán a sus amos tan donosa como pasivamente. Y eso es óptimo para la salud económica de las grandes empresas. En su día, a todo el mundo le pareció muy razonable el comentario de Greenspan, a juzgar por la falta de reacciones y los aplausos registrados. Bueno, pues transfieran eso a las universidades: ¿cómo conseguir una mayor “inseguridad” de los trabajadores? Esencialmente, no garantizándoles el empleo, manteniendo a la gente pendiente de un hilo que puede cortarse en cualquier momento, de manera que mejor que estén con la boca cerrada, acepten salarios ínfimos y hagan su trabajo; y si por ventura se les permite servir bajo tan miserables condiciones durante un año más, que se den con un canto en los dientes y no pidan más. Esa es la manera como se consiguen sociedades eficientes y sanas desde el punto de vista de las empresas. Y en la medida en que las universidades avanzan por la vía de un modelo de negocio empresarial, la precariedad es exactamente lo que se impone. Y más que veremos en lo venidero.
Ese es un aspecto, pero otros aspectos que resultan también harto familiares en la industria privada: señaladamente, el aumento de estratos administrativos y burocráticos. Si tienes que controlar la gente, tienes que disponer de una fuerza administrativa que lo haga. Así, en la industria norteamericana más que en cualquier otra parte, se acumula estrato ad administrativo tras estrato administrativo: una suerte de despilfarro económico, pero útil para el control y la dominación. Y lo mismo vale para las universidades. En los pasados 30 0 40 años se ha registrado un aumento drástico en la proporción del personal administrativo en relación el profesorado y los estudiantes de las facultades: profesorado y estudiantes han mantenido la proporción entre ellos, pero la proporción de administrativos se ha disparado. Un conocido sociólogo, Benjamin Ginsberg, ha escrito un muy buen libro titulado The Fall of the Faculty: The Rise of the All-Administrative University and Why It Matters (Oxford University Press, 2011), en el que se describe con detalle el estilo empresarial de administración y niveles burocráticos multiplicados. Ni que decir tiene, con administradores profesionales más que bien pagados: los decanos, por ejemplo, que antes solían miembros de la facultad que dejaban la labor docente para servir como gestores con la idea de reintegrarse a la facultad al cabo de unos años. Ahora son todos profesionales, que tienen que contratar a vicedecanos, secretarios, etc., etc., toda la proliferación de estructura que va con los administradores. Todo eso es otro aspecto del modelo empresarial.
Pero servirse de trabajo barato –y vulnerable— es una práctica de negocio que se remonta a los inicios mismos de la empresa privada, y los sindicatos nacieron respondiendo a eso. En las universidades, trabajo barato, vulnerable, significa ayudantes y estudiantes graduados. Los estudiantes graduados son todavía más vulnerables, huelga decirlo, La idea es transferir la instrucción a trabajadores precarios, lo que mejora la disciplina y el control, pero también permite la transferencia de fondos a otros fines muy distintos de la educación. Los costos, claro está, los pagan los estudiantes y las gentes que se ven arrastradas a esos puestos de trabajo vulnerables. Pero es un rasgo típico de una sociedad dirigida por la mentalidad empresarial transferir los costos a la gente. Los economistas cooperan tácitamente en eso. Así, por ejemplo, imaginen que descubren un error en su cuenta corriente y llaman al banco para tratar de enmendarlo. Bueno, ya saben ustedes lo que pasa. Usted les llama por teléfono, y le sale un contestador automático con un mensaje grabado que le dice: “Le queremos mucho, y ahí tiene un menú”. Tal vez le menú ofrecido contiene lo que usted busca, tal vez no. Si acierta a elegir la opción ofrecida correcta, lo que escucha a continuación es una musiquita, y de rato en rato una voz que le dice: “Por favor, no se retire, estamos encantados de servirle”, y así por el estilo. Al final, transcurrido un buen tiempo, una voz humana a la que poder plantearle una breve cuestión. A eso los economistas le llaman “eficiencia”. Con medidas económicas, ese sistema reduce los costos laborales del banco; huelga decir que le carga los costos a usted, y esos costos han de multiplicarse por el número de usuarios, que puede ser enorme: pero eso no cuenta como coste en el cálculo económico. Y si miran ustedes cómo funciona la sociedad, encuentran eso por doquiera. Del mismo modo, la universidad impone costos a los estudiantes y a un personal docente que, además e tenerlo apartado de la carrera académica, se le mantiene en una condición que garantiza un porvenir sin seguridad. Todo eso resulta perfectamente natural en los modelos de negocio empresariales. Es nefasto para la educación, pero su objetivo no es la educación.
En efecto, si echamos una mirada más retrospectiva, la cosa se revela más profunda todavía. Cuando todo esto empezó, a comienzos de los 70, suscitaba mucha preocupación en todo el espectro político establecido el activismo de los 60, comúnmente conocidos como “la época de los líos”. Fue una “época de líos” porque el país se estaba civilizando [con las luchas por los derechos civiles], y eso siempre es peligroso. La gente se estaba politizando y se comprometía con la conquista de derechos para los grupos llamados “de intereses especiales”: las mujeres, los trabajadores, los campesinos, los jóvenes, los viejos, etc. Eso llevó a una grave reacción, conducida de forma prácticamente abierta. En el lado de la izquierda liberal del establishment, tenemos un libro llamado The Crisis of Democracy: Report on the Governability of Democracies to the Trilateral Commission, compilado por Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki (New York University Press, 1975) y patrocinado por la Comisión Trilateral una organización de liberales internacionalistas. Casi toda la administración Carter se reclutó entre sus filas. Estaban preocupados por lo que ellos llamaban la “crisis de la democracia” y que no dimanaba de otra cosa del exceso de democracia. En los 60 la población –los “intereses especiales” mencionados— presionaba para conquistar derechos dentro de la arena política, lo que se traducía en demasiada presión sobre el Estado: no podía ser. Había un interés especial que dejaban de lado, y es a saber: el del sector granempresarial; porque sus intereses coinciden con el “interés nacional”. Se supone que el sector graempresarial controla al Estado, de modo que no hay ni que hablar de sus intereses. Pero los “intereses especiales” causaban problemas, y estos caballeros llegaron a la conclusión de que “tenemos que tener más moderación en la democracia”: el público tenía que volver a ser pasivo y regresar a la apatía. De particular preocupación les resultaban las escuelas y las universidades, que, decían, no cumplían bien su tarea de “adoctrinar a los jóvenes” convenientemente: el activismo estudiantil –el movimiento de derechos civiles, el movimiento antibelicista, el movimiento feminista, los movimientos ambientalistas— probaba que los jóvenes no estaban correctamente adoctrinados.
Bien, ¿cómo adoctrinar a los jóvenes? Hay más de una forma. Una forma es cargarlos con deudas desesperadamente pesadas para sufragar sus estudios. La deuda es una trampa, especialmente la deuda estudiantil, que es enorme, mucho más grande que el volumen de deuda acumulada en las tarjetas de crédito. Es una trampa para el resto de su vida porque las leyes están diseñadas para que no puedan salir de ella. Si, digamos, una empresa incurre en demasiada deuda, puede declararse en quiebra. Pero si los estudiantes suspenden pagos, nunca podrán conseguir una tarjeta de la seguridad social. Es una técnica de disciplinamiento. No digo yo que eso se hiciera así con tal propósito, pero desde luego tiene ese efecto. Y resulta harto difícil de defender en términos económicos. Miren ustedes un poco lo que pasa por el mundo: la educación superior es en casi todas partes gratuita. En los países con los mejores niveles educativos, Finlandia (que anda en cabeza), pongamos por caso, la educación superior es pública y gratuita. Y en un país rico y exitoso como Alemania es pública y gratuita. En México, un país pobre que, sin embargo, tiene niveles de educación muy decentes si atendemos a las dificultades económicas a las que se enfrenta, es pública y gratuita. Pero miren lo que pasa en los EEUU: si nos remontamos a los 40 y los 50, la educación superior se acercaba mucho a la gratuidad. La Ley GI ofreció educación superior gratuita a una gran cantidad de gente que jamás habría podido acceder a la universidad. Fue muy bueno para ellos y fue muy bueno para la economía y para la sociedad; fue parte de las causas que explican la elevada tasa de crecimiento económico. Incluso en las entidades privadas, la educación llegó a ser prácticamente gratuita. Yo, por ejemplo: entré en la facultad en 1945, en una universidad de la Ivy League, la Universidad de Pensilvania, y la matrícula costaba 100 dólares. Eso serían unos 800 dólares de hoy. Y era muy fácil acceder a una beca, de modo que podías vivir en casa, trabajar e ir a la facultad, sin que te costara nada. Lo que ahora ocurre es ultrajante. Tengo nietos en la universidad que tienen que pagar la matrícula y trabajar, y es casi imposible. Para los estudiantes, eso es una técnica disciplinaria.
Y otra técnica de adoctrinamiento es cortar el contacto de los estudiantes con el personal docente: clases grandes, profesores temporales que, sobrecargados de tareas, apenas pueden vivir con un salario de ayudantes. Y puesto que no tienes seguridad en el puesto de trabajo, no puedes construir una carrera, no puedes irte a otro sitio y conseguir más. Todas esas son técnicas de disciplinamiento, de adoctrinamiento y de control. Y es muy similar a lo que uno espera que ocurra en una fábrica, en la que los trabajadores fabriles han de ser disciplinados, han de ser obedientes; y se supone que no deben desempeñar ningún papel en, digamos, la organización de la producción o en la determinación del funcionamiento de la planta de trabajo: eso es cosa de los ejecutivos. Esto se transfiere ahora a las universidades. Y yo creo que nadie que tenga algo de experiencia en la empresa privada y en la industria debería sorprenderse; así trabajan.
Sobre cómo debería ser la educación superior
Para empezar, deberíamos desechar toda idea de que alguna vez hubo una “edad de oro”. Las cosas eran distintas, y en ciertos sentidos, mejores en el pasado, pero distaban mucho de ser perfectas. Las universidades tradicionales eran, por ejemplo, extremadamente jerárquicas, con muy poca participación democrática en la toma de decisiones. Una parte del activismo de los 60 consistió en el intento de democratizar las universidades, de incorporar, digamos, a representantes estudiantiles a las juntas de facultad, de animar al personal no docente a participar. Esos esfuerzos se hicieron por iniciativa de los estudiantes, y no dejaron de tener cierto éxito. La mayoría de universidades disfrutan ahora de algún grado de participación estudiantil en las decisiones de las facultades. Y yo creo que ese es el tipo de cosas que deberíamos ahora seguir promoviendo: una institución democrática en la que la gente que está en la institución, cualquiera que sea (profesores ordinarios, estudiantes, personal no docente) participan en la determinación de la naturaleza de la institución y de su funcionamiento; y lo mismo vale para las fábricas.
No son estas ideas de izquierda radical, por cierto. Proceden directamente del liberalismo clásico. Si leéis, por ejemplo, a John Stuart Mill, una figura capital de la tradición liberal clásica, verán que daba por descontado que los puestos de trabajo tenían que ser gestionados y controlados por la gente que trabajaba en ellos: eso es libertad y democracia (véase, por ejemplo, John Stuart Mill, Principles of Political Economy, book 4, ch. 7). Vemos las mismas ideas en los EEUU. En los Caballeros del Trabajo, pongamos por caso: uno de los objetivos declaradis de esta organización era “instituir organizaciones cooperativas que tiendan a superar el sistema salarial introduciendo un sistema industrial cooperativo” (véase la “Founding Ceremony” para las nuevas asociaciones locales). O piénsese en alguien como John Dewey, un filósofo social de la corriente principal del siglo XX, quien no sólo abogó por una educación encaminada a la independencia creativa, sino también por el control obrero en la industria, lo que él llamaba “democracia industrial”. Decía que hasta tanto las instituciones cruciales de la sociedad –producción, comercio, transporte, medios de comunicación— no estén bajo control democrático, la “política [será] la sombra proyectada en el conjunto de la sociedad por la gran empresa” (John Dewey, “The Need for a New Party” [1931]). Esta idea es casi elemental, y echa raíces profundas en la historia norteamericana y en el liberalismo clásico; debería constituir una suerte de segunda naturaleza de la gente, y debería valer igualmente para las universidades. Hay ciertas decisiones en una universidad donde no puedes querer transparencia democrática porque tienes que preservar la privacidad estudiantil, pongamos por caso, y hay varios tipos de asuntos sensibles, pero en el grueso de la actividad universitaria normal no hay razón para no considerar la participación directa como algo, no ya legítimo, sino útil. En mi departamento, por ejemplo, hemos tenido durante 40 años representantes estudiantiles que proporcionaban una valiosa ayuda con su participación en las reuniones de departamento.
Sobre la “gobernanza compartida” y el control obrero
La universidad es probablemente la institución social que más se acerca en nuestra sociedad al control obrero democrático. Dentro de un departamento, por ejemplo, es bastante normal que al menos para los profesores ordinarios tenga capacidad para determinar una parte substancial de las tareas que conforman su trabajo: qué van a enseñar, cuando van a dar las clases, cuál será el programa. Y el grueso de las decisiones sobre el trabajo efectuado en la facultad caen en buena medida bajo el control del profesorado ordinario. Ahora, ni que decir tiene, hay un nivel administrativo superior al que no puedes ni eludir ni controlar. La facultad puede recomendar a alguien para ser profesor titular, pongamos por caso, y estrellarse contra el criterio de los decanos o del rector, o incluso de los patronos o de los legisladores. No es que ocurra muy a menudo, pero puede ocurrir y ocurre. Y eso es parte de la estructura de fondo que, aun cuando siempre ha existido, era un problema menor en los tiempos en que la administración salía elegida por la facultad y era en principio revocable por la facultad. En un sistema representativo, necesitas tener a alguien haciendo labores administrativas, pero tiene que poder ser revocable, sometido como está a la autoridad de las gentes a las que administra. Eso es cada vez menos verdad. Hay más y más administradores profesionales, estrato sobre estrato, con más y más posiciones cada vez más remotas del control de las facultades. Me referí antes a The Fall of the Faculty de Benjamin Ginsberg, un libro que entra en un montón de detalles sobre el funcionamiento de varias universidades a las que sometió a puntilloso escrutinio: Johns Hopkins, Cornell y muchas otras.
El profesorado universitario ha venido siendo más y más reducido a la categoría de trabajadores temporales a los que se asegura una precaria existencia sin acceso a la carrera académica. Tengo conocidos que son, en efecto, lectores permanente; no han logrado el estatus de profesores ordinarios; tienen que concursar cada año para poder ser contratados otra vez. No deberían ocurrir estas cosas, no deberíamos permitirlo. Y en el caso de los ayudantes, la cosa se ha institucionalizado: no se les permite ser miembros del aparato de toma de decisiones y se les excluye de la seguridad en el puesto de trabajo, lo que no sirve sino para amplificar el problema. Yo creo que el personal no docente debería ser integrado también en la toma de decisiones, porque también forman parte de la universidad. Así que hay un montón que hacer, pero creo que se puede entender fácilmente por qué se desarrollan esas tendencias. Son parte de la imposición del modelo de negocios en todos y cada uno de los aspectos de la vida. Esa es la ideología neoliberal bajo la que el grueso del mundo ha estado viviendo en los últimos 40 años. Es muy dañina para la gente, y ha habido resistencias a ella. Y es digno de mención el que al menos dos partes del mundo han logrado en cierta medida escapar de ella: el Este asiático, que nunca la aceptó realmente, y la América del Sur de los últimos 15 años.
Sobre la pretendida necesidad de “flexibilidad”
“Flexibilidad” es una palabra muy familiar para los trabajadores industriales. Parte de la llamada “reforma laboral” consiste en hacer más “flexible” el trabajo, en facilitar la contratación y el despido de la gente. También esto es un modo de asegurar la maximización del beneficio y el control. Se supone que la “flexibilidad” es una buena cosa, igual que la “mayor inseguridad de los trabajadores”. Dejando ahora de lado la industria, para la que vale lo mismo, en las universidades eso carece de toda justificación. Pongamos un caso en el que se registra submatriculación en algún sitio. No es un gran problema. Una de mis hijas enseña en una universidad; la otra noche me llamó y me contó que su carga lectiva cambiaba porque uno de los cursos ofrecidos había registrado menos matrículas de las previstas. De acuerdo, el mundo no se acabará, se limitaron a reestructurar el plan docente: enseñas otro curso, o una sección extra, o algo por el estilo. No hay que echar a la gente o hacer inseguro su puesto de trabajo a causa de la variación del número de matriculados en los cursos. Hay mil formas de ajustarse a esa variación. La idea de que el trabajo debe someterse a las condiciones de la “flexibilidad” no es sino otra técnica corriente de control y dominación. ¿Por qué no hablan de despedir a los administradores si no hay nada para ellos este semestre? O a los patronos: ¿para qué sirven? La situación es la misma para los altos ejecutivos de la industria; si el trabajo tiene que ser flexible, ¿por qué no la gestión ejecutiva? El grueso de los altos ejecutivos son harto inútiles y aun dañinos, así que ¡librémonos de ellos! Y así indefinidamente. Sólo para comentar noticias de estos últimos días, pongamos el caso de Jamie Dimon, el presidente del consejo de administración del banco JP Morgan Chase: acaba de recibir un substancial incremento en sus emolumentos, casi el doble de su paga habitual, en agradecimiento por haber salvado al banco de las acusaciones penales que habrían mandado a la cárcel a sus altos ejecutivos: todo quedó en multas por un monto de 20 mil millones de dólares por actividades delictivas probadas. Bien, podemos imaginar que librar de alguien así podría ser útil para la economía. Pero no se habla de eso cuando se habla de ”reforma laboral”. Se habla de gente trabajadora que tiene que sufrir, y tiene que sufrir por inseguridad, por no saber de donde sacarán el pan mañana: así se les disciplina y se les hace obedientes para que no cuestionen nada ni exijan sus derechos. Esa es la forma de operar de los sistemas tiránicos. Y el mundo de los negocios es un sistema tiránico. Cuando se impone a las universidades, te das cuenta de que refleja las mismas ideas. No debería ser un secreto.
Sobre el propósito de la educación
Se trata de debates que se retrotraen a la Ilustración, cuando se plantearon realmente las cuestiones de la educación superior y de la educación de masas, no sólo la educación para el clero y la aristocracia. Y hubo básicamente dos modelos en discusión en los siglos XVIII y XIX. Se discutieron con energía harto evocativa. Una imagen de la educación era la de un vaso que se llena, digamos, de agua. Es lo que ahora llamamos “enseñar para el examen”: viertes agua en el vaso y luego el vaso devuelve el agua. Pero es un vaso bastante agujereado, como todos hemos tenido ocasión de experimentar en la escuela: memorizas algo en lo que no tienes mucho interés para poder pasar un examen, y al cabo de una semana has olvidado de qué iba el curso. El modelo de vaso ahora se llama “ningún niño a la zaga”, “enseñar para el examen”, “carrera a la cumbre”, y cosas por el estilo en las distintas universidades. Los pensadores de la Ilustración se opusieron a ese modelo.
El otro modelo se describía como lanzar una cuerda por la que el estudiante pueda ir progresando a su manera y por propia iniciativa, tal vez sacudiendo la cuerda, tal vez decidiendo ir a otro sitio, tal vez planteando cuestiones. Lanzar la cuerda significa imponer cierto tipo de estructura. Así, un programa educativo, cualquiera que sea, un curso de física o de algo, no funciona como funciona cualquier otra cosa; tiene cierta estructura. Pero su objetivo consiste en que el estudiante adquiera la capacidad para inquirir, para crear, para innovar, para desafiar: eso es la educación. Un físico mundialmente célebre cuando, en sus cursos para primero de carrera, se le preguntaba “¿qué parte del programa cubriremos este semestre?”, contestaba: “no importa lo que cubramos, lo que importa es lo que descubráis vosotros”. Tenéis que ganar la capacidad y la autoconfianza en esta asignatura para desafiar y crear e innovar, y así aprenderéis; así haréis vuestro el material y seguir adelante. No es cosa de acumular una serie fijada de hechos que luego podáis soltar por escrito en un examen para olvidarlos al día siguiente.
Son dos modelos radicalmente distintos de educación. El ideal de la Ilustración era el segundo, y yo creo que el ideal al que deberíamos aspirar. En eso consiste la educación de verdad, desde el jardín de infancia hasta la universidad. Lo cierto es que hay programas de ese tipo para los jardines de infancia, y bastante buenos.
Sobre el amor a la docencia
Queremos, desde luego, gente, profesores y estudiantes, comprometidos en actividades que resulten satisfactorias, disfrutables, actividades que sean desafíos, que resulten apasionantes. Yo no creo que eso sea tan difícil. Hasta los niños pequeños son creativos, inquisitivos, quieren saber cosas, quieren entenderlas, y a no ser que te saquen eso a la fuerza de la cabeza, el anhelo perdura de por vida. Si tienes oportunidades para desarrollar esos compromisos y preocuparte por esas cosas, son las más satisfactorias de la vida. Y eso vale lo mismo para el investigador en física que para el carpintero; toenes que intentar crear algo valioso, lidiar con problemas difíciles y resolverlos. Yo creo que que eso es lo que hace del trabajo el tipo de actividad que quieres hacer; y la haces aun cuando no estés obligado a hacerla. En una universidad que funcione razonablemente, encontrarás gente que trabaja todo el tiempo porque les gusta lo que hacen; es lo que quieren hacer; se les ha dado la oportunidad, tienen los recursos, se les ha animado a ser libres e independientes y creativos: ¿qué mejor que eso? Y eso también puede hacerse en cualquier nivel.
Vale la pena reflexionar un poco sobre algunos de los programas educativos imaginativos y creativos que se desarrollan en los distintos niveles. Así, por ejemplo, el otro día alguien me contaba de un programa que usa en las facultades, un programa de ciencia en el que se plantea a los estudiantes una interesante cuestión: “¿Cómo puede ser que un mosquito vuela bajo la lluvia?” Difícil cuestión, cuando se piensa un poco en ella. Si algo impactara en un ser humano con la fuerza de una gota de agua que alcanza a un mosquito, lo abatiría inmediatamente. ¿Cómo puede, pues, el mosquito evitar el aplastamiento inmediato? ¿Cómo puede seguir volando? Si quieres seguir dándole vueltas a este asunto –dificilísimo asunto—, tienes que hacer incursiones en las matemáticas, en la física y en la biología y plantearte cuestiones lo suficientemente difíciles como para verlas como un desafío que despierta la necesidad de responderlas.
Eso es lo que debería ser la educación en todos los niveles, desde el jardín de infancia. Hay programas para jardines de infancia en los que se da a cada niño, por ejemplo, una colección de pequeñas piezas: guijarros, conchas, semillas y cosas por el estilo. Se propone entonces a la clase la tarea de descubrir cuáles son las semillas. Empieza con lo que llaman una “conferencia científica”: los nenes hablan entre sí y tratan de imaginarse cuáles son semillas. Y, claro, hay algún maestro que orienta, pero la idea es dejar que los niños vayan pensando. Luego de un rato, intentan varios experimentos tendentes a averiguar cuáles son las semillas. Se le da a cada niño una lupa y, con ayuda del maestro, rompe una semilla y mira dentro y encuentra el embrión que hace crecer a la semilla. Esos niños aprenden realmente algo: no sólo algo sobre las semillas y sobre lo que las hace crecer; también aprenden algo sobre los procesos de descubrimiento. Aprenden a gozar con el descubrimiento y la creación, y eso es lo que te permitirá comportarte de manera independiente fuera del aula, fuera del curso.
Lo mismo vale para toda la educación, hasta la universidad. En un seminario universitario razonable, no esperas que los estudiantes tomen apuntes literales y repitan todo lo que tu digas; lo que esperas es que te digan si te equivocas, o que vengan con nuevas ideas desafiantes, que abran caminos que no habían sido pensados antes. Eso es lo que es la educación en todos los niveles. No consiste en instilar información en la cabeza de alguien que luego la recitará, sino que consiste en capacitar a la gente para que lleguen a ser personas creativas e independientes y puedan encontrar gusto en el descubrimiento y la creación y la creatividad a cualquier nivel o en cualesquiera dominios a los que les lleven sus intereses.
Sobre el uso de la retórica empresarial contra el asalto empresarial a la universidad
Eso es como plantearse la tarea de justificar ante el propietario de esclavos que nadie debería ser esclavo. Estáis aquí en un nivel de la indagación moral en el que resulta harto difícil encontrar respuestas. Somos seres humanos conderechos humanos. Es bueno para el individuo, es bueno para la sociedad y hasta es bueno para la economía en sentido estrecho el que la gente sea creativa e independiente y libre. Todo el mundo sale ganando de que la gente sea capaz de participar, de controlar sus destinos, de trabajar con otros: puede que eso no maximice los beneficios ni la dominación, pero ¿por qué tendríamos que preocuparnos de esos valores?
Un consejo a las organizaciones sindicales de los profesores precarios
Ya sabéis mejor que yo lo que hay que hacer, el tipo de problemas a los que os enfrentáis. Seguid adelante y haced lo que tengáis que hacer. No os dejéis intimidar, no os amedrentéis, y reconoced que el futuro puede estar en nuestras manos si queremos que lo esté.